Un día a la vez, una tarea a la vez.

Tenemos la energía del día, y no es poca, pero desperdiciamos la mayor parte de ella. Por eso es importante volcar nuestros recursos (tiempo, atención y energía) en acciones que sean “conducentes”. La pregunta es:  ¿conducente a dónde?

Esa respuesta es personal. Cada uno de nosotros tiene el deber de responderla. La respuesta puede ir mutando, profundizándose, aclarándose a lo largo de la vida, y ciertamente lo hará. Pero aunque sepamos que la respuesta de hoy es producto de nuestro condicionamiento de hoy, no podemos eludir la responsabilidad de aun así darle forma. Aunque sepamos que mañana será otra, aún debemos trabajar hoy “con lo que hay”.

¿Cuál es mi Gran Meta Vital?

Todo lo que uno hace debería ir enfocado, ser conducente, a esa gran meta (esto ciertamente es un ideal, pero esa es la función de los ideales: aunque sean inalcanzables nos indican el camino, una dirección)

La forma de hacer las cosas también es importante. La manera en como conduzco mi vida hace la diferencia. ¿De qué manera me voy a conducir a mí mismo en el accionar que me llevará a mi Gran Meta? Responder esto tiene que ver con que principios rigen mi actuar. ¿Cuáles son tus principios rectores? Tener eso claro, y obrar en coherencia con esas formas, ciertamente también es una manera de ocupar bien los recursos vitales. Tener claro “de qué manera” haré lo que sea que tengo que hacer, puede significar incluso dilucidar la dirección a tomar en momento de confusión.

Sin embargo, tener una Gran Meta puede aún ser muy abstracto. La mayor parte del tiempo tenemos más o menos clara una Meta, pero no sabemos cómo aterrizarla a lo cotidiano. Es en la vida de todos los días dónde pasamos la mayor parte de la vida. Si no aterrizamos nuestro actuar a lo cotidiano, por heroicas y grandilocuentes que sean nuestras acciones, viviremos acumulando anécdotas, acciones majestuosas que nos llegan de “orgullo” pero que no tienen aplicación ni consecuencia práctica en un día “común y corriente” de nuestra vida. Por esto hay que desglosar ese gran objetivo vital en Sub Metas. Ese gran objetivo que nos hemos propuesto ciertamente toca muchas (sino todas) áreas de nuestra vida, por lo tanto la manera de dirigirnos hacia ella es cumpliendo objetivos más pequeños enraizados en las distintas áreas vitales.

A su vez, cada una de esas Sub Metas necesita un “plan de acción”: tareas pequeñas y realizables que estén dirigidas hacia el cumplimiento de la Sub Meta, lo que un escalón más arriba repercutirá en que también nos estamos acercando a nuestra Gran Meta Vital.

Cuando divido un gran objetivo en tareas cotidianas y fácilmente abordables, he logrado trasladar la utopía al día a día. Puedo organizar mi jornada decidiendo que tareas concretas realizaré, y al final de ese día, de ese día común y corriente, me encontraré más cerca de mis grandes objetivos. Esto permite además sentir que se avanza, aunque se haga una  sola pequeña acción, sé que los recursos vitales consumidos ese día son conducentes a algo mayor. Esto ciertamente juega a favor de nuestra motivación. Realizar una tarea que sé me está acercando a dónde quiero llegar es una gratificación diaria, es generar y alimentar una corriente que estará ahí el día siguiente, cuando tenga que realizar las tareas correspondientes a esa nueva jornada.

Llegados a este punto surge un posible problema: la energía y el tiempo no nos alcanzan. Tenemos un montón de cosas que hacer, responsabilidades, etc., y el día simplemente no nos alcanza. Esto es real, pero modificable.

La manera de saber dónde está mi tiempo, atención y energía es observando dónde las  invierto. ¿Cuáles son las acciones de las que se compone mi día? Es útil realizar un “inventario” de todas las cosas que hago, desde la hora en que me levanto, cuáles son mis hábitos de alimentación, cuanto tiempo paso frente a las pantallas, con quién me vinculo, en que actividades me entretengo y por cuanto tiempo al día, con que personas interactúo, etc.

Tenemos comportamientos habituales, algunos nos llenan de energía y otros nos drenan. La mayor parte del tiempo vivimos en piloto automático, ni siquiera sabemos que tenemos ciertos comportamientos o hábitos, hasta que los observamos. Hacer un inventario es observar dónde está mi energía.

El paso siguiente es casi obvio: dejar de ejecutar hábitos que te quitan energía, y redistribuir el “excedente” a las tareas que te conducen a tus sub metas, para así acercarte a tu Gran Meta.

Un buen indicador de cómo vas es hacer una recapitulación diaria: lo que hice hoy ¿en qué posición estratégica me deja ubicado en esta ruta a mi gran meta? ¿Lo que hice hoy me acerca a mis objetivos?

De esta manera es como un día común y corriente se transforma en una meta cumplida en sí misma. Solo podemos vivir un día a la vez, y solo podemos ejecutar (bien) una tarea a la vez, aunque los gurúes del “multitasking” digan lo contrario.

Una tarea conducente a una meta vislumbrada por ti mismo cada vez, todos los días van construyendo un curso vital que responde cada vez más a ti mismo, a tu propia voluntad y cada vez menos a las mareas de la contingencia, a las modas, a lo superfluo, a todo aquello que tienen como objetivo alejarte cada vez más de tu propia naturaleza.

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