¿Qué estás comprando?

¿Dónde está tu atención y tu energía?

Curiosamente, al tratar de responder esta pregunta, surge en mi mente una asociación que a esta altura es innegable. Esa pregunta, concerniente a nuestra intimidad,  a nuestro tiempo, atención y energía no es separable de la pregunta “¿Qué estás comprando?”

El dinero no es distinto al tiempo que invertiste para conseguirlo, nace de ahí. Cuando pagas por algo, en realidad estás intercambiando tu tiempo de vida por un producto o servicio. Lo irónico es que llega un punto en la vida económica de una persona en la que uno se da cuenta de que el “producto” más valioso es el tiempo, y entonces se hace evidente que el sistema está basado en una idea ridícula: pagas con tu tiempo el dinero que te permitirá comprar más tiempo. Vas detrás lo que tenías cuando empezaste.

Los intercambios son naturales. Incluso cuando cultivas tus propios alimentos tienes que “invertir” tiempo y trabajo para obtener un producto.  Las perversiones empiezan cuando el dinero se convierte en el fin en sí mismo,  se transforma en motor, incentivo y destino. Entonces aquí es dónde la pregunta inicial cobra aún mayor importancia:  ¿Dónde está tu atención? ¿Dónde se está yendo tu tiempo? ¿En qué estás invirtiendo (o malgastando) tu energía? ¿Dónde estás tú?

Tal y como están las cosas en nuestras sociedades basadas en el consumo, una de las pocas libertades que nos quedan es “elegir” dónde poner nuestro dinero (y hasta por ahí no más). Es triste, pero la “libertad” (vista desde dentro del sistema) se limita a elegir que comprar dentro de un set preestablecido de opciones (Opciones que dicho sea de paso muy poco tienen que ver con lo que necesitamos)

Estamos tan acostumbrados a ejercer ese tipo de “libertad”, que ya no cuestionamos su modo de operar, ni su origen, mucho menos nos quitan el sueño sus consecuencias.

Es necesario hacerse preguntas como: ¿a dónde va a ir a parar esta energía? ¿La fortuna de quién estoy engordando al comprar tal o cual producto? ¿Quién está detrás de este “contenido” por el que estoy pagando?.

Por estos días, cientos de miles de personas se han volcado a las calles de la ciudad donde vivo para protestar en contra del sistema de pensiones. Expresar el sentir es más que necesario. Para los países como Chile, que vivieron largas dictaduras, el derecho a manifestarse libremente tiene quizás una connotación  aún mayor, y ejercer ese derecho es sin duda necesario. Pero después de ver las imágenes de las calles de muchas ciudades llenas, me hice una pregunta ¿Cuántas de esas personas se pasaron al Mall después de manifestarse? Que es lo mismo que preguntar ¿cuántas de esas personas fueron “voluntariamente” a alimentar las fortunas del mismo grupo de gente contra el que estaban protestando? (Quizás familiares, amigos o socios de los dueños de las AFP)

Cuando nos fuerzan a poner nuestra energía/dinero en un fondo que será administrado por otros, cuando te obligan a alimentar con tu vida/tiempo un sistema que le saca “ganancias” al fruto de tu trabajo, se hace evidente que algo no anda muy bien. Pero cuando tienes la capacidad de elegir “libremente” si compras tal o cual cosa, la compras igual, sabiendo que estás alimentando los bolsillos de los mismos que, por otras vías, te obligan a alimentarlos.

Insistiré en algo: tal y como está formulado el sistema, la única libertad que nos va quedando es elegir dónde poner la plata. Elegir que comprar y dónde comprarlo. Podemos reclamar todo lo que queramos ( e insisto en la validez de esta vía), pero a fin de cuentas nuestro campo de acción verdadero y concreto son nuestras acciones cotidianas.  Si al momento de decidir que comprar tu elección sigue alineada con el engorde del mismo grupo de capitales, entonces la “protesta” se desinfla, se queda en vociferación callejera, porque cuando pudiste ACTUAR en el día a día, a nivel local, ahí no ejerciste tu derecho a decir “NO”, y una vez más, esta vez de forma “voluntaria” alimentaste eso contra lo que tanto te quejas.

El tema es complejo, porque en cierta medida, somos el mismo engranaje de la maquinaria que nos está drenando la vida. La construcción de algo más  “saludable” tiene que darse en forma paralela al como ya estamos viviendo, y desde nuestras humildes trincheras de seres humanos anónimos al menos podemos comenzar a HUMANIZAR  nuestro campo de acción inmediato. Por otra parte, no se trata de “demonizar” el consumo, ni de ponerle etiquetas a nadie según sean sus hábitos de compra, cada cuál tiene (aún) la libertad de hacer lo que quiera. El recordatorio que me hago a mi mismo, y que por extensión comparto, es  simplemente  poner atención,  observar la cadena de relaciones que alimentamos con nuestros actos. Este sencillo ejercicio ya es suficiente.

¿Dónde está tu atención? ¿Qué estás comprando? ¿A quién se lo estas comprando? Finalmente no son preguntas distintas a ¿Qué estás haciendo con tu tiempo? ¿Qué estás haciendo con tu vida?

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Palabras.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s