Consciencia de Unidad como antídoto para el sufrimiento

El sufrimiento existe, todos lo hemos experimentado. Es un fenómeno real. Pero lo que nos cuesta ver sobre el sufrimiento es que es en sí mismo una gran motivación para ir más allá, por lo menos más allá del sufrimiento. Es curioso, porque es la propia angustia la que nos motiva a indagar sus causas, para atravesar ese estado.

El problema es que vivimos en la sociedad de la comodidad, dónde el sufrimiento sigue estando presente, pero los lujos que nos rodean hacen que sea “soportable”. Entonces, ciertamente seguimos sufriendo, pero como las burbujas socio culturales que habitamos nos adormecen con lujo y comodidad, no somos capaces de aprovechar el gran motor que es el sufrimiento mismo. Sufrimos sin usar esa angustia como aliciente para ir más allá.

Por otra parte, como estamos tan distraídos, rara vez nos preguntamos cuál es el origen de este fenómeno. Llegamos a respuestas parciales y de aquí surgen conclusiones como que el origen del hambre es la mala distribución de los recursos, o que el que tengamos una educación que no educa a nadie responde a un tema económico y de poca valoración a los profesores. Ahora bien, la mala distribución de los recursos y la poca o nula valoración a los docentes existe, es real, y ciertamente son temas a solucionar, pero ¿Cuál es el origen de la mala distribución de la riqueza o de la poca conciencia sobre el rol docente? (solo por poner dos ejemplo).

En nuestros análisis del funcionamiento del mundo que habitamos rara vez llegamos hasta el fondo, y si bien, insisto, los problemas cotidianos deben ser resueltos, estos deben ser resueltos en su origen, y cuando nos preguntamos por la causa de estos problemas llegamos al tema de la “falta de conciencia”. Estamos intentando resolver (infructíferamente) nuestros problemas concentrando nuestros esfuerzos en un nivel distinto a aquel en el cual esas situaciones se originaron. Estamos gastando millones (en tiempo y energía) en arreglar las cañerías, cuando la razón de que no haya agua es que estamos secando los ríos.

Cuando analizamos nuestros problemas, llegando al fondo, al origen de ellos, siempre nos toparemos con una respuesta que puede ser expresada de muchas maneras, pero que siempre significa lo mismo: nos falta conciencia de unidad.

Los recursos del mundo están mal distribuidos porque unos acumulan más de lo que consumen, porque no ven que están creando un desequilibrio. Si hubiera conciencia de unidad en este caso, de ahí se derivaría la empatía, el ponerse en el lugar del otro, porque veríamos que estamos interrelacionados, y que lo que afecta a uno termina por afectar al colectivo.

No vemos la trama de relaciones que nos sostiene, la obviamos, nos cuesta vernos como parte de un sistema que está, quien sabe que tan profundamente, relacionado. Nos “afectamos” mutuamente”. Ver eso es tener conciencia de unidad.

No hace falta caer en misticismos para observar que esto es cierto. Basta ver cómo funcionan los ecosistemas.

Sufrimos porque no vemos el origen de nuestros problemas, y ese origen es una conciencia limitada, una visión limitada de las cosas. El origen del sufrimiento es la ignorancia del funcionamiento del mundo, es la ignorancia de cómo estamos interrelacionados.

Por lo tanto, el paso que no estamos dando y que deberíamos dar, es empezar a trabajar para transformar, resolver y atravesar el sufrimiento pero desde su origen. Hacer una “toma de conciencia”, “darnos cuenta”. Cuando vemos el mundo con ojos de unidad y con una mirada global, nuestra acción local, nuestra humilde acción cotidiana se transforma. Aparece el otro, y cuando vemos al otro, aparece la empatía, la compasión, las ganas de avanzar juntos, de no dañarnos.

Cuando llegamos a ese nivel de conciencia unitaria, dejamos de ver el mundo en categorías, desaparecen “los unos y los otros” y vemos que unos y otros son una y la misma cosa: humanidad. Una humanidad en la cual cada uno está haciendo lo mejor que puede con las herramientas que tiene, y darnos cuenta de eso, acaba automáticamente con el juicio que hacemos, tan fácilmente, de los demás. Comprendemos que todos estamos más bien dónde mismo, ninguno sin mucha idea de dónde está parado, tratando de no perder la cabeza en el proceso.

La tarea es personal, cada uno es responsable de ampliar su propia mirada (lo que no significa que no podamos acompañarnos, ayudarnos) Las pequeñas transformaciones en la vida de cada uno suman, aportan a lo colectivo. Una pequeña acción local, con conciencia de unidad, es lo que cambiará la forma en cómo compartimos este mundo.

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Esta entrada fue publicada en Palabras.

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