Autenticidad, y cómo el personaje del buscador nos aleja de ella

Nuestra personalidad es una maravillosa herramienta. Nuestro “ego” o “personaje” es un depositario de nuestras experiencias, recuerdos, aprendizajes y reflexiones. Puesto al servicio de lo que podríamos llamar “esencia” realizará las labores asignadas en pos de los más altos objetivos.

Como seres humanos no nos podemos desentender de nuestro ego/personalidad, está ahí, es una parte de nosotros y de la naturaleza incluso.

Dicen que dijo el maestro zen Taisen Deshimaru: “no es lo mismo tener un ego fuerte que tener un ego egoísta”. Para realizar muchas labores, incluidas aquellas labores de índole “espiritual”, a veces es necesario tener una personalidad fuerte, que permita ejercer liderazgo y guiar (a uno mismo y a los otros cuando corresponde).

La gran pregunta es ¿al servicio de qué está nuestro ego la mayor parte del tiempo? ¿para que está siendo usada esta herramienta?

Cuando se empieza, sobre todo cuando se empieza, a transitar por ambientes espirituales existe el riesgo de que uno se deslumbre por tanta luz y maravilla aparente. Las personas con las que empezamos a convivir parecen estar tan tranquilas, ser tan felices que uno quiere hacer lo mismo, como no, si es natural la búsqueda del bienestar y equilibrio espiritual.

El riesgo es que, nuestra personalidad (aun inmadura por estar recién dando vueltas por estos ambientes) empieza a interpretar un personaje. Empezamos a copiar gestos, palabras, formas de vestir, de hablar. Empezamos a “pensar” distinto, pero incluso eso es solo una imitación de las formas de pensar de los otros que están en ese momento siendo nuestros referentes.

Entonces comenzamos a llevar una “vida espiritual”, pero sin notarlo nuestra personalidad empieza a copiarlo todo (sin ninguna mala intención, ya que es así como la personalidad aprende, gracias a la imitación). Nos transformamos involuntariamente en un receptáculo de imágenes, expectativas, discursos y formas que no nos son propias, pero que se “parecen” a aquello que estamos buscando.

Esto está bien por un momento.Quizás de imitación en imitación lleguemos a cierto nivel de autenticidad. El problema es quedarse pegado en la imitación, y peor aún, sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo. La mayor parte del tiempo, cuando creemos que estamos pensando solo estamos repitiendo inconscientemente lo que hemos escuchado en los ambientes que transitamos. Nos decimos librepensadores, pero muchas veces solo repetimos como loros lo que le hemos oído decir al librepensador que en ese momento estamos ocupando como referente.

Esto ciertamente puede ser una etapa en el camino, pero una etapa a dejar atrás y que quizás solo sirva de plataforma de lanzamiento a la verdadera autenticidad.

Contactar con la autenticidad ciertamente puede requerir tener referentes, leer a algunos maestros o guías, realizar la correspondiente peregrinación a los “lugares sagrados”, etc. Lo que no nos deja dar el salto es quedarnos pegado en los recuerdos del viaje, adquirir el hábito de citar el librito (el que sea) cada vez que queremos decir algo, pensar de la misma manera que nuestros maestros sin cuestionar o poner a prueba lo que dicen, eso nos retiene dónde estamos.

A todo lo anterior le podemos sumar que empaparse de tanta lectura, charla e ideología nos carga con expectativas sobre a dónde deberíamos llegar, y ¿cómo vamos a alcanzar un estado de autenticidad cuando estamos llenos de expectativas? La idea prefabricada de “como debería sentirme”, de “como debería ser mi conducta” o de “cómo deberían ser las experiencias que obtengo tras trabajar con ciertas técnicas” ciertamente limitan la verdadera experiencia de lo que es.

Tenemos que dejar de sustentarnos en los cuentos basados en las experiencias de otros y empezar a confiar en la amplitud de mirada que vamos adquiriendo gracias a nuestras propias experiencias, por humildes que sean.

Los referentes son necesarios, pero son ayudas. Entrar de lleno en el misterio del sí mismo es una tarea personal que se ve obstruida cuando nos ponemos a interpretar al personaje del buscador espiritual.

Es bueno estar atento frente a la frasecita copiada, frente a la forma de hablar que asumimos por frecuentar ciertos ambientes, frente a la cita redundante.

La autenticidad no viene ni con título de terapeuta ni con el grado de maestría, ni con la vestimenta inmaculada, ni con las plumas de águila, ni con frases en otros idiomas, ni con piedras colgadas al cuello, ni con raparse la cabeza, ni con hacer votos o ayunos. La autenticidad es natural siempre a cada ser humano, aparece cuando nos quedamos en silencio, aparece cuando actuamos sin seguir una ruta preestablecida, aparece cuando dejamos de imitar sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo.

La autenticidad eres tú a cada instante cuando no necesitas nada para sentir que estas siendo.

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Esta entrada fue publicada en Visiones.

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