El hombre simple

Una vida con sentido suele ser una vida simple, una vida des.complicada. Lo simple está cerca de lo natural. Las complicaciones, los adornos, las ideas inventadas suelen ser un obstáculo entre el observador y lo observado, constituyen un velo que nos impide ver la naturaleza de las cosas, que nos impide ver las relaciones entre quien observa y lo observado (que son la misma cosa)

Una vida simple es posible. Vivir de manera sencilla es muy fácil, lo complicado es tomar la decisión de hacerlo. Es difícil porque hay que vencer la fuerza de la costumbre, se requiere una gran inversión de tiempo y energía inicial para romper la estaticidad y ampliar la mirada. Soltar algo suele costarnos más que mantenerlo.

Nos gustan nuestros vicios, nuestras rutinas, nuestras drogas, nuestros sucedáneos de vida. Nos gustan porque nos identificamos con ellos, terminamos creyendo que somos eso, que somos lo que somos gracias a que escucho cierta música, gracias a que estudié cierta carrera, gracias a que tengo cierto trabajo y cierto estatus. Pero la verdad es que todo eso es accesorio. No estoy diciendo que sea inútil, sino que lo “inútil”, lo que termina pesando, es la creencia que nos hace apegarnos a todo eso tomándolo por lo único y lo más importante.

Una persona que vive de manera simple usa el mundo, usa los accesorios, pero sabe que no son él/ella. Sabe que puede dejar de usarlos en cualquier momento, y que lo que ES seguirá intacto, siempre vivo y fresco. Puede dejar que le quiten los accesorios, y probablemente no se opondrá a perder algo que sabe que no le pertenece de todas formas. Esto es lo que nos cuesta.

Ayuda en este proceso ver lo que realmente somos, no las ideas que tenemos al respecto, sino que experimentar la profunda naturaleza de lo que es. Ir avanzando en la liviandad que produce el ir soltando ideas que limitan, hábitos que nos hacen desperdiciar energía, relaciones que nos drenan el tiempo y la alegría. Y así, reteniendo cada vez menos, empezamos a notar que en realidad estamos más vacíos para llenarnos de cada vez más, pero de lo esencial, de un flujo que se mantiene vivo y corriendo, que nunca se estanca y que, como el agua, se mantendrá limpio mientras fluya.

Una persona simple, incluso suelta la idea de estar viviendo una vida simple. No hace aspavientos de lo libre que es, ni de lo tranquilo que está. Vive. Suelta  así también la imagen que tiene de sí mismo, aunque ya muchos se quisieran esa imagen para andarla mostrando.

Y así, viviendo simple, aparece todo el tiempo y la energía que siempre deseamos tener. Sin el peso de expectativa, todo se convierte en un regalo, la vida se vive completamente, no tibiamente. Se experimenta el dolor, la alegría, la tristeza y la calma, todo profundamente, pero sin aferrarse a nada. Se experimenta la vida en todas sus fases, sin resistencias.

El ser humano simple es nuestra condición natural, ya está en latencia dentro de cada uno de nosotros, lo complicado, insisto, es tomar la decisión de ser lo que siempre hemos sido.