Salir de la comodidad

Hay cosas que nos indignan: la contaminación, la violencia, el poder del dinero, la manipulación de la información, la pobreza, el sufrimiento y la mala distribución de la riqueza, entre otras cosas con las que, lamentablemente, se podría hacer una muy larga lista.

Es bueno indignarse, alzar la voz, decir algo y mejor aún: hacer algo. Indignarse frente a estas situaciones es la forma en que nos damos cuenta de que algo va mal, es una alarma que nos advierte que algo estamos haciendo mal. Sin embargo muchas veces solo nos quedamos ahí. Nos sentamos frente a nuestras pantallas a observar indignados como “otros” sufren y como “otros” provocan sufrimiento. Pero nos quedamos ahí. Es más fácil indignarse y vociferar que hacer cambios reales, porque esos cambios nos sacan de nuestra comodidad.

Critico al “sistema”, pero en mi cotidianeidad (único espacio sobre el que tengo un cierto control) mis acciones están totalmente alineadas con la forma de funcionamiento de aquello que critico. Si me indignan las abusivas prácticas empresariales, por ejemplo, lo coherente sería dejar de adquirir los productos de esas empresas; si estoy consciente de que la forma en cómo me alimento me está matando,  dejo de consumir los alimentos que sé que me mantienen enfermo; si sé que me están entreteniendo para que no me ocupe de lo medular, dejo de consumir programas de televisión que me mantienen distraído y que siempre tratan de venderme algo. Pero no lo hago, me resisto, porque empezar a hacer eso es movilizarme hacia una forma de vida que me aleja de lo cómodo que estoy.

También puedo argumentar que mi acción individual es irrelevante dado el contexto global en el cual estamos inmersos, pero una pequeña acción individual siempre tiene repercusiones, porque estoy asumiendo el control sobre aquella pequeña parte del mundo sobre la que si puedo hacer algo: mi propia vida.

Es fácil alegar, pero cuando la acción a realizar atenta contra nuestra comodidad, ahí nos engañamos diciéndonos que está todo muy bien, seguimos enganchados a nuestras pantallas comprando, día tras día, la imagen de la sociedad que tratan de vendernos, esa de la cual dicen que es un milagro del desarrollo económico, pero que es la tumba para el desarrollo del espíritu humano.

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Esta entrada fue publicada en Palabras.

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