“Tu fe te ha salvado”

Buscamos la salud muchas veces sin tener idea de que es la salud. La imaginamos como un estado de equilibrio, donde el cuerpo/mente/sexo/emociones funcionan bien, un estado sin dolor al cual llegaremos si nos “sanamos”. Ciertamente suena a ideal. Sin embargo, la salud no es un estado estático, es más bien una forma, una actitud con la cual se camina por la vida.

Si consideramos a la “salud” como un estado en el cual no solo entra en juego el equilibrio y buen funcionamiento de nuestra fisiología mamífera, sino también otros aspectos más sutiles (emocionales y hasta espirituales), esa salud a la que podemos aspirar reside en adoptar y abrirnos a formas de vida que nos acerquen a lo que somos, que nos aligeren, que no entorpezcan el libre flujo de la vida a través de nosotros. De aquí que se hace útil adquirir y practicar hábitos alimenticios, de descanso, de limpieza, etc. que nos permitan conectar con esa salud que ya portamos ( y digo que ya portamos, porque ese estado al que aspiramos llegar ya nos es natural y de alguna manera ha sido bloqueado por diversas causas, por lo que volver a “acceder” a ese estado pasaría como ya dije por, “simplemente”, restablecer el libre flujo de la vida a través de nosotros)

Ligado a esto está el tema de aquellos que intentan vendernos salud, y nos hacen creer que con una pastillita, un cursito o unas sesiones de la terapia que sea, quedaremos sanos. Siento que el estar sano es llegar a un estado que probablemente nos tome la vida entera, cada terapia, meditación o sesión de lo que sea que hagamos, constituye una puerta que atravesar en un camino que quizás sea muy largo. Mantener ese estado es un trabajo cotidiano y personal.

En palabras de Guillermo Borja “La única curación que uno puede brindar es que uno ha reconocido el sufrimiento de uno mismo, el dolor en uno mismo y los ha trascendido”, es decir mostrar lo que has hecho contigo mismo. Nadie puede curarte si  no quieres (así como nadie puede dañarte si tu no lo permites, en realidad nada de lo que te pasa es en contra de tu voluntad).

Lo que podría pasar (y que de hecho, pasa) es que al ver que el otro pudo con su dolor, uno se inspire y encuentre dentro de si mismo esa misma voluntad para trascender el propio dolor  (y ese otro puede ser un amigo, maestro, gurú, terapeuta, santo, chaman, viejo, vieja, señora que vende fruta y mantiene a siete hijos)

No desestimo la ayuda que podamos dar o recibir. Es importante recurrir a quienes ya se han recorrido el camino, pero siempre recordando que no vamos a ellos para que nos sanen, sino para que nos ayuden a despertar adentro a nuestro propio sanador.

Desde Jesús hasta los terapeutas de nuestros días lo dicen: “tu fe te ha salvado”.

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Esta entrada fue publicada en Palabras.

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