Humberto Maturana en una Belleza Nueva

Cristián Warnken conversa con el biólogo Humberto Maturana. Temas: Educación, Ser Humano, Biología.

 

Anuncios

Aceptar la Incertidumbre

Asumamos que el Universo existe, y que nosotros, como una parte de ese Universo, también existimos. Buscamos una experiencia de conexión con lo que intuimos “divino” ( y llamamos divino a aquello que para nosotros es un completo misterio), y nos aproximamos a ese fenómeno con las herramientas que tenemos. Sin embargo, gran parte de nosotros, nos quedamos atrapados en las creencias, en lo que nos dijeron, en las ideas heredadas sobre lo que llamamos “divinidad”.

No sabemos, solo creemos que sabemos. Tenemos (y tomamos como ciertas)  ideas producidas por una mente influenciada por la sociedad, la cultura y la familia, y por lo tanto sesgadas y enmarcadas en esos contextos. Creemos que sabemos, y más encima pensamos que nuestras creencias son más válidas y están más cerca de la “verdad” que las ajenas. Nos estamos perdiendo en un mar de ideas revueltas.

En el fondo nadie sabe. El lenguaje es una forma limitada de explicar el mundo, nuestra percepción es limitada, y la plataforma desde la que intentamos explorar el universo (quizás infinito) es finita. ¿Cómo se puede abordar lo desconocido, la vastedad de un mundo inexplorado, desde un pequeño rincón lleno de  palabras?

Es sano aceptar la incertidumbre, aceptar que hay ideas que nos ayudan a vivir, pero que no las podemos tomar como ciertas ya que no sabemos si lo son. Vivir en la incertidumbre nos permite estar presentes, ya que nos obliga a aprovechar lo único que parece verdadero: este momento; y estar presente, estar siendo en este momento nos obliga a ocupar otras herramientas como el sentir, el intuir, el fundirse y el maravillarse frente a la experiencia de lo que es.

Hay leyes universales que rigen nuestra realidad, hay cosmologías y aproximaciones que nos hacen sentido, pero bajo, sobre o incluso a través de todo ello, intuyo que quizás aún se extiende el misterio, frente a lo cual la incertidumbre me sigue pareciendo la actitud más humilde.

Aceptemos que no tenemos idea de nada y, desde esa libertad y vacío que nos da el no saber, comencemos a llenarnos de aquello que somos, que tampoco sé que es.

¿Que sería de mi sin mi estupidez?

Una de las características que tiene nuestro ser, es la libertad con la que cuenta para expresar cualquier aspecto de la totalidad. Todo existe, y nosotros como seres conscientes y creadores, estamos en condiciones de dejar que a través nuestro se exprese la parte de nosotros mismos que elijamos.

Uno siempre tenderá a mostrar sus virtudes, a resaltar el aspecto luminoso de su propia existencia pero, inmersos en el mundo relativo en el que estamos, ¿Cómo sabremos qué parte es la luminosa, si nunca hemos dejado salir un poco de oscuridad?

En palabras de Thaddeus Golas, intentar ser buenos todo el tiempo, es como querer ser un péndulo que solo oscila hacia un solo  lado. Necesitamos la contraparte. Si no nos permitimos expresar esa parte de nosotros que no nos gusta, solo estamos negando una parte que si existe, que si está ahí, y que quiere salir.

Es difícil aceptar que dentro de mí hay tanto “oscuridad” como “luminosidad”. Tengo que darme la libertad de expresar lo que el momento me pida. Buscamos la sabiduría, buscamos ser inteligentes, pero no nos permitimos ser estúpidos. Curiosamente es gracias a nuestra estupidez que podemos conocer nuestra inteligencia. Esa estupidez que nos es natural, que nos hace cometer errores y decir tonterías, meternos en problemas y agrandar los acontecimientos de nuestra vida y hacerlos parecer los inconvenientes más desastrosos del Universo.

Para reconocerme como un ser sabio (ser que todos somos potencialmente) debo antes haber aceptado mi propia estupidez, y al mismo tiempo, aceptar la libertad que cada ser humano tiene para elegir ser estúpido dentro de las posibilidades de su existencia. Eso es abrazar la contradicción: aceptar que todo viene con su opuesto, y que tengo que aceptar ambas polaridades, y que sin esa aceptación, quizás me sea muy difícil elegir conscientemente en qué lado de la polaridad quiero quedarme la mayor parte del tiempo. Para caminar por el medio debo haber recorrido los extremos.

Aceptar mi propia estupidez me abre la puerta hacia la tolerancia. Todos podemos tener un mal día y actuar tontamente. Si estoy en paz con mi propia incapacidad puedo ver que los demás son seres iguales a mí y que están teniendo la misma batalla todos los días a cada momento.

La paciencia, el no-juicio y la tolerancia, me abren la puerta a la sana aceptación de nuestra naturaleza humana.
¡¡¿Que sería de mi sin mi estupidez?!!

Expansión mediante la transgresión

Ser transgresor no tiene que ver con hacer ruido innecesario, ni romper las estructuras de control, ni rebelarse violentamente. Tiene más que ver con romper tus propios límites y eso suele ocurrir en silencio. Luego el transgresor verdadero alcanza cierta paz, no es afectado por las estructuras de control y actúa sin usar la violencia.

Desde adentro hacia afuera, si no solo somos simples reaccionarios y nunca veremos el origen de todo aquello que sentimos que nos limita. No digo que no sea útil reaccionar, a veces es la forma  en que nos damos cuenta de que hay algo ahí que no funciona bien. El punto es no quedarse en la reacción y pasar a la acción, y la acción tiene que ir hacia el centro, hacia el origen, hacia ti mismo.

Todo “limita” porque todo condiciona. Nuestros ambientes y contextos nos aportan una base desde la cual actuar y crear, pero muchas veces los asimilamos como algo propio, inalterable, algo  que se nos ha metido tan en la medula que sin ello no sabemos quiénes somos.

La sobreidentificación (con nuestros roles, trabajos, méritos, virtudes y defectos) nos mantiene en una prisión de la que muchos se muestran orgullosos. Nos es cómodo permanecer ahí, en lo conocido, pero al mismo tiempo en una gran trampa que nos impide experimentar el mundo como lo que es: un campo de re.creación.

Todos hablamos  de cambiar, pero pocos se dan cuenta de que situamos el cambio afuera, cuando ese cambio, esa gran transformación tiene un primer paso que no se puede eludir: reconocer, aceptar y amar nuestra situación actual, reconocerla como útil, pero a la vez como algo accesorio a lo cual no debemos apegarnos, sino como una base para expandirnos hasta donde nuestro miedo (o valentía) nos permita.