Docencia desde la autenticidad

El proceso de “darse cuenta” solo ocurre en el hacer. Es haciendo como me he dado cuenta de, lo que para mí, es algo absolutamente cierto respecto a la práctica docente (y a cualquier otra práctica): Uno solo puede enseñar lo que uno es.

Por mucho que se prepare una clase, el tema del manejo del grupo, del cómo se aborden las eventualidades que surjan, y el cómo se responda a las características propias de cada estudiante, son los que van a marcar y dejar huella en el mismo.

La naturaleza del cerebro y la fisiología del aprendizaje nos permiten entender este fenómeno, y lo resumo en una frase: un cerebro con miedo, incluso con cierto nivel de tensión, no puede aprender nada nuevo. Ningún objetivo se logrará si no existe antes un dominio de los temas ya mencionados, y ese dominio solo se produce con un dominio de sí mismo, con un autocontrol que solo puede alcanzar una persona que realiza un trabajo interno. Soy categórico: en las condiciones en las que ocurre el proceso educativo, lo que verdaderamente educa es el espacio síquico y emocional que crea quien enseña.

Esto he aprendido de mi propia práctica docente. Lo que aprendido estando en la sala y también observando el quehacer de otros profesores.

Es cierto que la planificación y la preparación de una clase minimiza la frecuencia con la que estos factores pueden ocurrir, pero insisto en la importancia de lo que podría llamar “docencia desde la autenticidad”, o lo que es lo mismo: la visión de que solo se puede enseñar lo que uno es, solo se puede transmitir lo que uno es, por muchos disfraces académicos que me ponga, no puedo ocultar lo que soy, entro entero a la sala, aún con una planificación impecable.

He sido testigo de que cuando se “enseña” desde el miedo, lo único que queda es el miedo, aunque el profesor cargue con el título de “destacado”. Lo he visto, y porque también no decirlo, lo viví. Ese estudiante lo único que está aprendiendo, es que a la autoridad hay que temerle y que no se cuestiona. Eso no es educación.

Esto es lo más importante de lo que me he dado cuenta, clase a clase, cometiendo yo mismo muchas veces los errores que detallo, y siendo corregido, no en pocas oportunidades, por los propios estudiantes.

Meterse a la sala de clases es mirarse al espejo, si la clase no resulta, si el curso está violento, si no hay interés, solo me está mostrando el reflejo de mis falencias. Yo soy el que tiene que hacer un trabajo, académico y de desarrollo personal, para mejorar mi labor docente, y mi propia vida.

 

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Esta entrada fue publicada en Palabras.

2 comentarios el “Docencia desde la autenticidad

  1. Muy interesante! Somos lo que hacemos y no lo que decimos que hacemos. Excelente!

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