Ampliar la mirada

Nuestra naturaleza humana nos hace ser permeables a nuestro medio. Es parte de nuestra biología establecer relaciones e interacciones con aquello que nos rodea, y esto ocurre a nivel emocional, sexual, material e intelectual. Es este último centro en donde podríamos asentar la base de nuestras creencias. Es a través del intelecto que absorbemos, modificamos y re.creamos pensamientos que luego van a incidir en la configuración de nuestros mundos personales ( y por extensión, el mundo colectivo).

Nuestros límites tienen su base en nuestro intelecto porque este es el que recibe órdenes, instrucciones y conceptos del “mundo exterior” ( la familia, la sociedad). Estas ideas se convierten en nuestro “set” de creencias, en nuestra batería de “programas” con la cual nos metemos al mundo. Aquí  es donde hay que poner nuestra atención.

Si queremos vivir cada día más livianos, tenemos que empezar a romper nuestros límites. Esto se puede lograr observando desde donde provienen nuestras creencias. Una vez identificado el origen, validez y utilidad de la batería de creencias que portamos, podemos comenzar a elegir aquellas que realmente nos sean una ayuda y no un lastre en nuestro desarrollo como personas.

La auto. examinación es una vía, una forma en la que podemos comenzar a transgredir nuestros propios límites. Si siempre nos movemos en los mismos ambientes, nos relacionamos con las mismas personas, consumimos la misma “cultura”, difícilmente podremos contraponer nuestras creencias con las creencias del otro. Hacer eso es ampliar la mirada.

Aquel que considera que su sistema de creencias es más válido que el ajeno, solo vive en una jaula adornada por ese pensamiento sesgado, pero se niega la posibilidad de realmente ampliar su mundo.

La empatía, el no-juicio, la aceptación de lo diferente nos llevará a permitirnos una comunión con las creencias del otro, y esto derivara inevitablemente en una apertura a la co. creación de un mundo donde nos reconocemos en el otro; en otras palabras, a un mundo más cercano a lo que realmente es, y no tan sesgado por nuestras propias ideas, las que si bien nos son útiles, están siempre susceptibles de ser ampliadas.

Docencia desde la autenticidad

El proceso de “darse cuenta” solo ocurre en el hacer. Es haciendo como me he dado cuenta de, lo que para mí, es algo absolutamente cierto respecto a la práctica docente (y a cualquier otra práctica): Uno solo puede enseñar lo que uno es.

Por mucho que se prepare una clase, el tema del manejo del grupo, del cómo se aborden las eventualidades que surjan, y el cómo se responda a las características propias de cada estudiante, son los que van a marcar y dejar huella en el mismo.

La naturaleza del cerebro y la fisiología del aprendizaje nos permiten entender este fenómeno, y lo resumo en una frase: un cerebro con miedo, incluso con cierto nivel de tensión, no puede aprender nada nuevo. Ningún objetivo se logrará si no existe antes un dominio de los temas ya mencionados, y ese dominio solo se produce con un dominio de sí mismo, con un autocontrol que solo puede alcanzar una persona que realiza un trabajo interno. Soy categórico: en las condiciones en las que ocurre el proceso educativo, lo que verdaderamente educa es el espacio síquico y emocional que crea quien enseña.

Esto he aprendido de mi propia práctica docente. Lo que aprendido estando en la sala y también observando el quehacer de otros profesores.

Es cierto que la planificación y la preparación de una clase minimiza la frecuencia con la que estos factores pueden ocurrir, pero insisto en la importancia de lo que podría llamar “docencia desde la autenticidad”, o lo que es lo mismo: la visión de que solo se puede enseñar lo que uno es, solo se puede transmitir lo que uno es, por muchos disfraces académicos que me ponga, no puedo ocultar lo que soy, entro entero a la sala, aún con una planificación impecable.

He sido testigo de que cuando se “enseña” desde el miedo, lo único que queda es el miedo, aunque el profesor cargue con el título de “destacado”. Lo he visto, y porque también no decirlo, lo viví. Ese estudiante lo único que está aprendiendo, es que a la autoridad hay que temerle y que no se cuestiona. Eso no es educación.

Esto es lo más importante de lo que me he dado cuenta, clase a clase, cometiendo yo mismo muchas veces los errores que detallo, y siendo corregido, no en pocas oportunidades, por los propios estudiantes.

Meterse a la sala de clases es mirarse al espejo, si la clase no resulta, si el curso está violento, si no hay interés, solo me está mostrando el reflejo de mis falencias. Yo soy el que tiene que hacer un trabajo, académico y de desarrollo personal, para mejorar mi labor docente, y mi propia vida.

 

Antes del encuentro

Sabes que siento el latir,
cuando los ojos se encuentran,
y se abrazan nuestros cuerpos.
Sabes que siento el latir,
cuando en la mirada profunda vislumbro recuerdos.
Porque hay miradas que miran el alma,
y almas que también miran.
Hay miradas que desnudan,
y palabras que visten.
Antes del encuentro somos el espacio que nos une,
el universo que nos imagina.
Mirada que es el universo desnudándose,
mirada que busca encontrarse en los brazos de la fiebre de la noche,
mirada que se hace latido,
latido que marca el ritmo del universo que nos sueña

La mirada del desierto

En la costa del desierto, donde se tocan el mar y lo árido, busco entre las piedras, reflejos de las estrellas dejadas atrás por la noche.

Encuentro historias, pérdidas, casi olvidadas. Me cuentan de noches, sucesivas noches, en las que el cielo no es un solo cielo, sino que cambia, muta, gira. Me cuentan de astros que están vivos, que escapan de sus órbitas cuando la mirada se distrae, y que solo se dejan ver por los ojos del desierto.

El calor y la noche, me depuran el alma, cuanta basura acumulada me ha hecho sudar el desierto. Me muestra recuerdos,  recuerdos que reflotan para ser transmutados. Me deja la mirada limpia, porque mi visión viene del alma, y es el alma lo que me ha tocado el desierto.

Sigo encontrando gente, gente que ha sido limpiada, porque esta tierra se traga las penas y las transforma en trabajo y silencio. Me siguen hablando, de noches en las que el cielo se mueve, en las que el techo del mundo no es lo que parece, donde el techo del mundo no es techo, sino puente.

Aquí me veo, entre el mar y la arena de un desierto costero, aquí estoy sentado en piedras talladas por el viento. Tormentas de sol, tormentas de viento y arena siguen puliendo mi alma. El desierto no me quiere dejar ir, no hasta que me aligere la carga.

 

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El tiempo aquí

El Tiempo Aquí, es un documental de corte realista, donde se muestran las rutinas diarias de los recolectores de alga (huiro) asentados en uno de los lugares más aislados de la costa del desierto de Atacama, Chile.
Las precarias condiciones en las que viven y trabajan, se contrasta con la belleza de la zona y con el buen humor con el que enfrentan la vida.

Poesía Tarotica

Un día, de esos días imaginarios que habitan en nuestras cabezas, me dieron estas letras a cambio de una lectura de Tarot.

 

Los senderos de templanza

traen paz a nuestra alma,

y llega la brisa en calma

a borrar toda tristeza;

No busques en tu cabeza

lo que es del corazón

y que con justa razón

sale a flote entre las cartas.

Muchas gracias por las alas

salgo del caparazón.

 

Rocío Peña.