Vivir en Ceremonia

Actualmente, la oferta de talleres, terapias, ceremonias y muchos otros “productos espirituales”, nos han hecho contactar con aspectos de la vida que de otra forma desconoceríamos. La utilidad de esto es la masificación de información y formas de vida que antes eran difíciles de conocer.

Sin embargo, el riesgo es quedarse atrapado viendo figuras de luz y colores. Podemos caer fácilmente en la adicción a las terapias, cursos y ceremonias. Es común en este tipo de ambientes la siguiente pregunta : “¿que hago cuando vuelva al mundo real después de haber experimentado sensaciones tan maravillosas?”. No encontrar una respuesta a esa pregunta es justamente lo que nos mantiene atados a querer experimentar, una y otra vez, esas sensaciones.

Es fácil sentirse bien, sentirse luminoso mientras duran nuestras “experiencias espirituales”. Es fácil decir que amamos a todo el mundo y que vibramos en armonía. Lo difícil es llevar ese estado a lo que experimentamos en la cotidianidad.

Ese es el desafío, darnos cuenta de que no hay algo que no sea sagrado. Caminar por la calle de cualquier ciudad del mundo es en si misma una experiencia sagrada.

Cuando salgo de mi terapia, de mis sesiones de lo que sea que esté haciendo, cuando acaba la ceremonia, ahí empieza el momento de aplicar lo aprendido, ahí empieza la verdadera ceremonia, que es la vida misma.

No se trata de vivir de ceremonia en ceremonia, se trata de darse cuenta de que todos los días, cada pequeño acto, son una ceremonia sagrada. Vivir en un estado de presencia nos puede acercar a esta comprensión, aceptar el momento y vivírselo a fondo, traiga lo que traiga.