Nuestras acciones en El Mundo

Me parece que todos, en mayor o menor grado,  hemos tenido atisbos de que somos parte de una trama, de que estamos relacionados, de que nuestras acciones tienen consecuencias y que toda causa genera un efecto. También creo que muchas veces esto  se nos olvida, y que nos entregamos a una vida que pierde sentido al mostrarnos una separación que no es tal.

No estamos separados, estamos interrelacionados. Nuestras vidas son interdependientes, y esta interdependencia abarca todo lo que existe: los seres con los que nos relacionamos, nuestro entorno, nuestro universo por completo.

Considerando esto cabe preguntarse: ¿que efecto están teniendo mis acciones en el mundo? Cada una de nuestras acciones contribuye a crear esta realidad colectiva, por lo tanto es innegable nuestra responsabilidad sobre lo que observamos “afuera”. No podemos quedarnos con la queja, con la sola expresión de nuestro descontento al  observar situaciones que encontramos injustas o dañinas. Hay que pasar a la acción.

Aunque cuesta verlo, en cualquier ambiente en que nos movamos, todo lo que hacemos tiene un efecto. Ya sea que nos relacionemos con muchas o pocas personas durante el día, ya sea que vivamos en una ciudad o solos en una montaña, la vibración de lo que pensamos, sentimos y hacemos genera un efecto a nuestro alrededor y trasforma la “realidad”.

Recordar esto puede ser útil para vivir de forma más consciente  Cada pequeño gesto influye en la totalidad del Mundo. Si queremos que nuestro mundo mejore hay que asumir la responsabilidad de saber que nuestra acción crea realidad, que nuestro pensamiento modifica el ambiente, que nuestro sentir se contagia.

Hagamos lo que hagamos, todos influimos en todos. “Se el cambio que quieres ver en el mundo” dijo alguien una vez, y que cierto es cuando consideramos que “el mundo” lo creamos nosotros, cada día, con solo pensarlo

A veces basta con que un solo ser nos diga algo en un momento preciso de nuestra vidas para que el curso de la misma cambie por completo. Esa es la gran responsabilidad que tenemos: hacer que esta trama que formamos todos brille con la luz que le corresponde. Una persona es un mundo, un árbol son todos los bosques de la tierra.

Nuestro miedo más profundo

“Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.

Nuestro miedo más profundo es que somos
Inconmensurablemente poderosos.
Lo que nos asusta es nuestra luz, no nuestra oscuridad.

Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante,
encantador, talentoso y fabuloso?
En realidad, ¿quién eres para no serlo?

Eres una criatura de Dios.
Jugar a ser insignificante no le sirve al mundo.
No hay nada inspirador en encogerse para que los demás
no se sientan inseguros a tu alrededor.
Hemos nacido para dejar de manifiesto
la gloria de Dios que hay dentro de nosotros.
Que no está sólo en algunos, sino en cada uno de nosotros.

Y, al dejar que nuestra propia luz brille,
inconscientemente, le damos permiso a otros
para que hagan lo mismo.

Al liberarnos de nuestro propio miedo,
nuestra presencia, automáticamente,
libera a otros.”