Fundación Santiago Mágico

El 12 de Febrero del año 2013, fundamos una nueva ciudad, una ciudad imaginaria: El Santiago Mágico. Lo que pase de ahora en adelante, lo construimos nosotros.

He aquí el Acta Fundacional:

Ya es la hora, ya es momento, ya resuenan los pilares que sostienen esta farsa, esta ciudad erigida sobre suelo sagrado.
Ya es la hora, ya es momento, de recordar que esta tierra no está libre de ancestros. Que sus pisadas, su sangre, sus voces y su aliento aún palpitan bajo el pavimento. La tierra está viva, y nos llama.
Ya es la hora, ya es momento. Ya es tiempo de liberarse del conquistador hambriento.
Ya es la hora, ya es momento.
Ya es la hora Valvidia, ya es momento. Ya no hay donde esconderse, Don Pedro.
Ya es la hora. Ya es momento. ¿Momento de qué? Se preguntará el conquistador.
Ha llegado la fecha Valvidia, la fecha en que te reclamo Santiago.
La fundaste haciendo alusión a un derecho divino, hoy, yo, en nombre de lo innombrable, ocupo tu misma moneda, pero lo hago para liberarla, no para enriquecerme a costa de otros.
Ya es tiempo de olvidarte Valdivia, y de recordar a aquellos que estaban aquí a tu llegada, aquellos que enaltecían la tierra.
Hoy, yo, en nombre de lo innombrable, y por derecho divino, tú misma moneda, refundo Santiago.
Ya es tiempo de olvidarte, Valdivia, porque Santiago la creamos nosotros, todos los días. Te doy la despedida, en parte agradecido, en parte vulnerado. Tienes permiso para irte.
Y nos quedamos nosotros, arquitectos de una ciudad imaginaria. Porque Santiago no existe, sino en nuestras cabezas. Porque esta ciudad, como todas las de esta tierra, son producto de un sueño.
Te agradezco Valdivia, te agradezco, pero ya es la hora, ya es momento, de que los que imaginen esta ciudad imaginaria seamos nosotros, los que pisamos sus calles, los que caminan sus pasos.
Hoy, yo, un ser inexistente fuera de estás palabras, fundo la ciudad mágica, un Santiago que recuerda y respira.
Hoy, yo, una voz que viene a despertarte, Santiago, te abro la puerta a lo que eres: una construcción colectiva, un ser que muta, un animal abriendo sus alas, una ciudad mágica.
Hoy, yo, que podría sea cualquiera, fundo una ciudad viva, que se eleva en espiral hacia el centro del cosmos.
Hoy, los planos de esta ciudad, están en blanco. Listos para ser reescritos, revividos, reimaginados.
Hoy respiras Santiago, hoy te damos permiso para ser lo que eres. Porque una ciudad la construyen aquellos que la imaginan.
Hoy, Santiago, te regalamos este concierto, un concierto de silencio, un silencio que habita en nuestra cabezas y con el que te acariciamos.
Hoy, Santiago, ya estás libre, permítenos caminar por tus calles sintiendo tu encanto.
Hoy, y con ustedes como testigos de este nacimiento, refundo Santiago, Un Santiago mágico.
Porque ya es la hora, ya es momento de habitar esta ciudad imaginaria.
Porque ya es la hora, ya es momento.

En la Plaza de Armas

En “La Piojera”

¿Porque buscamos?

“Si la búsqueda no es desesperada, no es búsqueda”

Da la impresión de que tenemos que estar permanentemente buscando, dirigidos hacia algún lugar, hacia una meta elevada. Ese pareciera ser el curso que debe tener la vida de quienes nos aventuramos en ciertos “asuntos del alma”. Quizás nos equivocamos. Quizás le estamos dando un enfoque incorrecto, un enfoque que nos aleja de aquello que creemos que buscamos.

Para empezar, buscar algo, lo aleja. Hay que cambiar esa “búsqueda desesperada” por un “encuentro gozoso”.

¿Porque buscamos? Creo que buscamos porque el modo de vida que llevamos nos aleja de la conexión con el Todo. Intuimos que algo “nos falta” y eso se transforma en el motor de una “búsqueda del alma”. En el camino nos confundimos, olvidamos que no hay algo “extraordinario” que encontrar, y nos pasamos años buscando ciegamente métodos, maestros, técnicas, tesoros, lugares místicos, cosas que nadie más pueda ver, etc. En realidad es, imagino, más sencillo.

Buscamos porque sentimos que nos falta algo, y esa carencia viene del modelo que ha adoptado la sociedad. Me pongo en el siguiente caso: ¿que pasaría si hubiéramos nacido en una aldea indígena que vive en armonía con su entorno”. Imagino que , si bien igual buscaríamos algo, esa búsqueda no sería tan desesperada. No lo sería porque hubiéramos nacido en un encuentro permanente con el medio, reconoceríamos en ese medio una esencia que también nos sustenta a nosotros. En estas condiciones nos sería más fácil sabernos uno con todo lo que hay, nos sería más fácil reconocer las relaciones que hay entre las distintas partes del mundo.

Siento que eso es lo que buscamos, vivir en un “encuentro permanente” con todo lo que es, y la forma en como hemos vivido hasta ahora en occidente nos aleja de ese estado de conexión.

No es necesario ir a vivir a la selva o al desierto para re.conectarse, es necesario lograr activar esa conexión en todo momento y lugar. Una vez ahí, dejamos de lado esa desesperada sensación de estar siempre buscando y nos fundimos en un encuentro con el Mundo.

No hay ningún lugar al que ir, ya estamos aquí.  Siento que hay que  vivir en un estado que nos facilite reconocer y sentir una unión, una conexión que también ya está ahí, pero que hemos olvidado.

Dejo de buscar, comienzo a encontrar.