Educar para ser feliz

¿De que me sirve tener una meta, si no sé quien soy? Cuando descubro quien soy, las metas y objetivos fluyen solos.

Eso es lo que pasa con la educación que recibimos, incluso la de élite, la que se dice la mejor: se basa en que los estudiantes se pongan las metas de otros, metas que son hijas de lo que han absorbido, y no aquellas metas que surgen de lo que realmente son.

Cuando se les pregunta a los estudiantes sobre la elección que harán una vez que terminen sus estudios obligatorios, una parte importante de ellos responde que no sabe, la otra parte da las respuestas de siempre: ser médico, abogado, ingeniero, economista. En ambos casos la respuesta proviene de la ignorancia, de un no-conocimiento propio, lo que lleva a la persona a, por un lado, no tener idea que quiere hacer, o a dar respuestas socialmente aceptables (la profesión familiar, o aquellos trabajos mejor catalogados por la sociedad). Pocas personas tienen claridad sobre lo que realmente quieren, y esto se puede hacer extensible a individuos con muchos más años que un estudiante.

Somos sometidos a por lo menos 12 años de escolaridad en la mayoría de los países, tiempo suficiente para que el influjo de los maestros y el ambiente escolar deje una huella en la vida de todos nosotros. Si esto es así ¿porque entonces seguimos sin progresar?

Una posible respuesta es que la educación estandarizada está obsoleta. Se nos llena de conocimientos (inútiles muchos de ellos) y se nos priva de la verdadera meta de una “buena” educación: ser felices. La educación debería tener como objetivo guiar a las personas para que sean felices. Una forma de hacer esto es centrar el trabajo en un descubrimiento del ser. Lo que se hace actualmente es todo lo contrario.

No digo que la educación no sea una buena herramienta, lo es. Es la única vía que tienen muchas personas para salir de situaciones de pobreza y lograr satisfacer sus necesidades. Pero al mismo tiempo la educación como la concebimos esta perpetuando la sociedad contra la que tanto nos quejamos.

Un “buen estudiante” (que cumple las reglas y saca buenas calificaciones), eventualmente logrará ingresar a la educación superior y hacerse con un título. Su calidad de vida mejorará enormemente, su nivel de ingreso será mayor a cualquiera de las personas con las que compartió en la escuela que no haya podido seguir estudiando. Hará una carrera y probablemente vivirá tranquilo. ¿Cual es el problema? El problema es que este “buen estudiante” siguiendo esos pasos, se desarrollará dentro de un esquema preestablecido. Esa persona pierde o deja de usar el enorme potencial que tiene para mejorar la sociedad. En el mejor de los casos modificara el ambiente que lo rodea, pero no cambiará el mundo.

Por otra parte, una persona que ha sido educada para reconocer su propio valor como ser humano, es decir, que ha recibido lo que podemos llamar “una educación para el ser”, siempre producirá un impacto positivo en la sociedad. Un ser humano integral no puede no ser un ente de cambio, al contrario, está en su esencia serlo. Su nivel de conciencia le impedirá sentirse cómodo en una sociedad que podríamos llamar enferma y será innato en él buscar el como hacer una diferencia. Un estudiante con un conocimiento de si mismo no necesitará ser presionado o “motivado” para proseguir con estudios superiores. Este tipo de estudiante elegirá concientemente el camino que más lo acerque a trabajar en pro de los demás, y eso probablemente pase por adquirir las herramientas que ofrece la educación universitaria. Aquí yace la principal diferencia con el sistema actual: la educación estandarizada “motiva” a los estudiantes a estudiar y perfeccionarse técnicamente pero no hay propósitos elevados que sustenten esa elección. La razón que se da para seguir esa vía es la de asegurarse la propia existencia, favoreciendo la competencia y otras actitudes que terminan por perpetuar el escenario social donde la desigualdad prima.

Finalmente, solo un maestro que tenga un profundo conocimiento de si mismo podrá inspirar a los estudiantes para lograr este mismo conocimiento sobre ellos. Son los educadores los responsables de dar impulso a estas transformaciones.

El desafío es derribar las viejas estructuras y darle paso a una alternativa educativa más integral. El verdadero cambio, la verdadera transformación social, empieza en el interior de cada individuo.

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Esta entrada fue publicada en Palabras.

2 comentarios el “Educar para ser feliz

  1. maria fanny dice:

    BUENO PARA ESTO HAY QUE EDUCAR A LOS PADRES ANTES ..PORQUE ELLOS PREFIEREN QUE SUS HIJOS SEAN COMO ELLOS… UN SER INTEGRAL ES MAS COMPLETO Y VIVE EN FUNCION DEL TODO , ES MAS INTIMO Y ES MAS FELIZ Y ES MAS INQUIETO.. Y ES CUESTIONADOR…Y ESO NO LES GUSTA A LOS QUE VIVEN DE MEMORIA… SU ARTICULO MINTERESANTE…

    • Alexandra dice:

      Me ha gustado mucho leer este artículo. Nunca me gusto el colegio cuando era niña y a día de hoy sigo pensando que los niños necesitan de otros estímulos que en los colegios convencionales no se dan. Si en un futuro tengo hijos, procurare que su educación sea diferente. Gracias.

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