Solo un momento de silencio

¿Dónde está el silencio? Me pregunto en medio de una ciudad estruendosa.
¿Dónde aquel sitio sagrado que permite disfrutar esa música inaudible?
Una ruidosa tortura nos persigue a donde vayamos, todos con un cuchillo al cuello, metal incandescente y arrítmico que espanta toda sutileza.
Sigiloso, me acerco a un árbol, quizás debajo de esa madera arrugada encuentre refugio.
¿Dónde podremos contactar con la musical calma de las hojas cayendo?
Un templo, un bosque, tu centro, me susurra un viento tibio.
La lluvia aplaca los gritos de la urbe, y por un instante vemos caras sin boca.
Solo un momento de silencio basta para saber que somos.
Solo un momento de silencio basta para seguir viviendo.
Solo un momento de silencio…

Texto Sagrado

Que delicia acariciar un texto sagrado,
sentir un cuerpo desnudo y leerlo página tras página,
acariciar con la vista a una mujer cubierta de poemas,
escuchar la respiración de las hojas al pasar.

Abordar un lienzo en blanco y plasmarlo de deseos,
dejarte envolver por la roca que espera ser tallada.
Me entrego a las manos de una escultura cárnica,
la que recita sobre mí su lujuria literaria.

Es la danza de lo sublime,
melodía corporal por siglos ejecutada.
Leemos de una partitura celeste,
voces enlazadas nacen de nuestro centro.

Realizamos una sacralización de lo terreno,
en un orgasmo cósmico despegamos hacia lo divino.
Ayudados por los astros de un cielo infinito,
regresamos a materializar lo vivido.

Solo quiero saber de tu silencio.

En estos días, en que todos quieren saber todo de todos, yo no quiero saber nada de nadie. Sólo quiero saber de tu silencio. (C. Warnken)
Inspirado por estas palabras, aquí va mi primer Intento.

Sigiloso pretendo acercarme a tus oídos, pero tú vives en el silencio.
Mis ligeras pisadas resuenan en tu cabeza cual río caudaloso,
huyes de una estridente realidad que no comprendes.
Me dejas a la deriva en una ruidosa danza que ejecuto solo.

Sensible al más pequeño de los indicios de mi presencia,
me impides darte alcance y te esfumas al presentir mi estruendoso avance.
Continúo vagando por una extraña y acústica tierra de colores sonoros.
Paso a paso me voy dando cuenta que el suelo resuena cuando lo toco.

¿Es acaso mi andar una ofensa indiferente, indolente e ignorada?
Te busco para hallar respuesta, pero me oyes en la distancia.
¿Cómo avanzar cuando cada paso es una puñalada sangrienta,
penetrando una añosa corteza que parece gemir con cada contacto?

Me descalzo, quizás con la piel desnuda mi caminar se eleve.
Te veo en la distancia, esta vez compartimos un momento de sigilo.
Siento que me acerco a una verdad sublime, y ya no quiero saber nada de nadie.
Solo quiero saber de tu silencio.